Pobreza

Actualizado: oct 31


El gran predicador dominico Juan Tauler (1294 – 1361), a pesar de la reputación que tenía en Alemania a causa de sus sermones, de su ciencia y de su caridad, se sentía insatisfecho en su corazón. Él se preguntaba si había algo mejor. Y conjuraba al Señor para que le enviara a alguno de sus servidores para que le enseñara el camino más corto y más seguro de la verdadera perfección. Un día vio en el umbral de una Iglesia, entre los mendigos que aguardaban la limosna, a un pobre al que apenas cubrían unos pocos harapos, cuya sola visión incitaba a la piedad. Sobrecogido de compasión, Tauler se acercó a aquel desdichado y lo saludo con ternura: -Buenos días amigo mío. -Gracias, maestro, contestó el pobre; pero nunca he tenido un mal día.

Creyendo Tauler que el pobre no le había entendido, le repitió: -Te deseo que tengas un buen día; te deseo que seas feliz y que tengas todo lo que puedas desear. -Gracias al Señor siempre he sido feliz. Todavía no se lo que es ser desdichado. – Quería Dios que después de la felicidad que dices gozar, consigas además la felicidad eterna; pero te confieso que no llego a comprender muy bien el sentido de tus palabras, ¿podrías explicármelas con mayor claridad?

- ES MUY SENCILLO “Maestro, le contestó aquel pobre hombre, está muy claro, nunca he tenido un mal día porque sé que Dios es sabio, justo y bueno y que nada ocurre sin su voluntad o su consentimiento. Cuando el hambre me apremia, alabo al Señor; y si padezco frio, o cae granizo, nieve o lluvia, si el viento es suave o sopla durante la tormenta, yo alabo al Señor. Y si me hallo en la miseria y soy despreciado, también alabo al Señor, y de ese modo no hay día triste para mí. He aprendido a vivir con Dios y estoy seguro que todo lo que hace es siempre lo mejor.

Así que cuando Dios me da alguna cosa o permite en mi un acontecimiento agradable o penoso, benigno o doloroso, dichoso o triste, lo acepto como si fuera lo mejor, y de ese modo soy siempre feliz. He decidido aferrarme únicamente a la voluntad de Dios, abandonando en El la mía propia: todo lo que quiere, lo quiero yo también; por eso nunca he sido desdichado, puesto que quiero aferrarme únicamente a su voluntad, y la mía está completamente fundida en la suya”.

Tauler lloró en silencio… Nunca había oído un sermón semejante, pero así y todo intento llegar más lejos de sus preguntas: - ¿Dónde has encontrado a Dios? -Lo he encontrado donde he dejado a las criaturas. -Pero, ¿Quién eres? - Soy rey. - ¿Y dónde está tu reino? – En mi alma, donde todo lo conservo en buen orden: las pasiones sometidas a la razón, y la razón sometida a Dios.

El Sabio dominico había agotado sus argumentos, aunque aún aventuro una pregunta: - ¿Qué te ha conducido a perfección tan elevada? – El silencio…


EL SILENCIO PARA CONVERSAR CON DIOS

EL SILENCIO Y LA UNION INTIMA CON MI AMADO SEÑOR, PUES EN EL HE ENCONTRADO LA PAZ, Y LA HE ENCONTRADO PARA SIEMPRE.

TAULER SE QUITO EL MANTO Y SE LO DIO AL POBRE JUNTO CON LA UNICA MONEDA QUE LE QUEDABA EN LA BOLSA, ABRAZANDOLO LUEGO DE TODO CORAZON.

Y DIO GRACIAS A DIOS POR HABERLE MOSTRADO LA MANERA MAS PERFECTA DE SERVIRLO. A PARTID DE ENTONCES IMITARA EN LO POSIBLEA AQUEL SANTO POBRE Y, AL RECORDAR AQUELLA AVENTURA CONMOVEDORA, ACOSTUMBRARA A DECIR EN SUS SERMONES LO QUE SIGUE: “LA FELICIDAD ES POSIBLE EN EL CORAZON, Y NO EN OTRO LUGAR; SE HALLA EN LA ‘DISPOSICION’ Y NO EN LA ‘SITUACION’”.

Luz El trigal

COCHABAMBA - BOLIVIA

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